Inundaciones extremas azotan el sur de África: clima y La Niña intensifican el desastre
Un conjunto devastador de inundaciones ha golpeado duramente países del sur de África en las últimas semanas, dejando un rastro de destrucción humana, material y ecológico. Mozambique, Sudáfrica y Zimbabwe han sido los más afectados, con cientos de miles de personas desplazadas, miles de hectáreas de cultivos perdidos y una crisis humanitaria en desarrollo.
Las lluvias torrenciales, asociadas a una combinación del patrón climático La Niña y el calentamiento global, provocaron precipitaciones intensas que superaron en pocos días lo que normalmente se recibe en un año entero en varias regiones. Este tipo de fenómeno hidrometeorológico está ocurriendo con mayor frecuencia e intensidad debido al aumento de la temperatura de los océanos, que permite a la atmósfera retener y descargar mayores cantidades de agua.
Las cifras preliminares indican que cientos de miles de personas han sido obligadas a abandonar sus hogares, muchas de ellas trasladándose a campamentos improvisados con recursos limitados. Las autoridades locales y organizaciones humanitarias han advertido sobre un incremento en los riesgos de enfermedades transmitidas por el agua, escasez de alimentos y falta de saneamiento básico, agravando aún más la crisis.
En Zimbabwe, zonas agrícolas enteras quedaron bajo el agua, destruyendo cultivos en plena temporada de crecimiento y comprometiendo la seguridad alimentaria de comunidades rurales. En Sudáfrica, la emblemática área protegida del Parque Nacional Kruger sufrió cortes de rutas, daños en infraestructura y áreas de vida silvestre también afectadas por el avance de las aguas.
Expertos en clima y meteorología señalan que este tipo de eventos ya no son excepcionales sino parte de una tendencia de fenómenos extremos cada vez más frecuentes y violentos, reforzada por las condiciones del cambio climático. Las señales de alarma se extienden a regiones de todo el planeta que enfrentan simultáneamente sequías, olas de calor, incendios y lluvias intensas como parte de un patrón global de desastres climáticos.
Este desastre pone de manifiesto la necesidad urgente de medidas de adaptación climática, infraestructura resiliente, sistemas de alerta temprana y apoyo internacional a las regiones más vulnerables, que enfrentan impactos desproporcionados a pesar de contribuir mínimamente a las emisiones globales que provocan el calentamiento.
















