Deslizamientos de tierra recientes y su contexto: por qué ocurren, cómo prevenirlos y los más devastadores de la historia
En los últimos meses, varias regiones del mundo han vuelto a enfrentar el impacto de deslizamientos de tierra de gran escala, fenómenos que combinan factores geológicos, hidrológicos y humanos. Entre los casos más recientes se encuentran el deslizamiento que afectó a Niscemi, Sicilia, en Italia, y una serie de corrimientos de ladera en Nueva Zelanda que dejaron víctimas y hogares destruidos tras intensas lluvias.
Qué son y por qué ocurren los deslizamientos
Un deslizamiento de tierra se produce cuando la resistencia de un talud o pendiente de terreno deja de ser suficiente para soportar las tensiones que actúan sobre ella, provocando el desplazamiento de suelo, rocas o escombros cuesta abajo. Los factores que determinan la estabilidad de una ladera incluyen la inclinación del terreno, el tipo de roca y suelo, la presencia de agua infiltrada y la vegetación, entre otros.
Los elementos que desencadenan un deslizamiento pueden ser graduales, como la erosión y la alteración del terreno con el tiempo, o repentinos, como lluvias intensas, terremotos o incluso actividades humanas que debilitan las pendientes (como la deforestación o excavaciones sin planificación). Cuando estos desencadenantes coinciden con condiciones inestables, ocurre un deslizamiento.
Casos recientes de impacto internacional
En enero de 2026, la ciudad de Niscemi, en Sicilia (Italia), sufrió un deslizamiento de gran magnitud tras días de lluvias intensas vinculadas a la tormenta Harry. Casi 4 kilómetros de ladera colapsaron, obligando a la evacuación de más de mil residentes y causando daños significativos a viviendas e infraestructura. Los suelos compuestos de arcilla y arena, altamente permeables al agua, fueron un factor clave en la inestabilidad del terreno.
Por otra parte, en Nueva Zelanda, las autoridades reportaron en enero una serie de deslizamientos provocados por lluvias torrenciales que afectaron zonas residenciales cercanas a Mount Maunganui, con al menos ocho víctimas fatales y evacuaciones de comunidades enteras. La combinación de suelo saturado y topografía abrupta hace de muchas laderas de este país un punto sensible para deslizamientos cuando se producen episodios de precipitación sostenida.
Estas tragedias reavivan un debate global sobre la vulnerabilidad de las poblaciones y la planificación territorial, dado que muchos asentamientos humanos se encuentran en zonas de riesgo geológico sin las medidas adecuadas de mitigación.
Los deslizamientos más grandes y letales de la historia
A lo largo del tiempo, varios deslizamientos han quedado registrados por su magnitud y consecuencias:
- Vajont, Italia (1963): En uno de los eventos más devastadores, un deslizamiento de aproximadamente 260 millones de metros cúbicos de roca y tierra cayó en el embalse de la presa de Vajont, generando un megatsunami de casi 250 metros que arrasó pueblos enteros y causó alrededor de 1.900 muertes.
- Sarno y Quindici, Italia (1998): Una combinación de lluvias torrenciales y terreno empinado causó más de 140 deslizamientos en la región de Campania, con más de 160 muertos y cientos de viviendas destruidas en varias localidades del sur italiano.
- Deslizamientos en Nueva Zelanda: Aunque no todos puntuales y únicos, se estima que históricamente el país ha registrado miles de deslizamientos ligados a terremotos o episodios de lluvias extremas, con cifras de muertes que superan a las causadas por terremotos o erupciones volcánicas por separado, según registros geocientíficos.
Prevención y mitigación: ¿es posible evitarlos?
Si bien no se puede evitar completamente que ocurra una falla geológica, sí es posible reducir los riesgos y las consecuencias a través de medidas proactivas. Entre las estrategias más efectivas se encuentran:
- Monitoreo geotécnico de pendientes: sistemas que detectan movimientos mínimos del terreno y emiten alertas tempranas.
- Planificación territorial segura: evitar la construcción de viviendas y obras públicas en zonas con alta susceptibilidad, identificadas mediante mapas de riesgo geológico.
- Control de drenaje y vegetación: gestionar el flujo de agua en pendientes y mantener cobertura vegetal estable reduce la infiltración y la erosión.
- Educación comunitaria y preparación de emergencias: entrenar a comunidades para reconocer señales de peligro y tener planes de evacuación.
Estas medidas, combinadas con inversiones en infraestructura de protección y políticas públicas basadas en ciencia, son cruciales para minimizar el impacto humano y económico cuando ocurren estos fenómenos.





















