Carne vacuna y pollo: cómo están los precios argentinos frente al resto del mundo
Un relevamiento internacional realizado en octubre de 2026 permite poner en perspectiva cuánto pagan los consumidores argentinos por la carne vacuna y el pollo frente a otros mercados relevantes. El trabajo, elaborado por el economista Juan Manuel Garzón para el IERAL de la Fundación Mediterránea, comparó los precios de distintos productos en supermercados online y comercios especializados de Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay, Chile, Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda.
Para hacer comparables los mercados, los valores fueron expresados en dólares por kilogramo, con los impuestos al consumo incluidos. En el caso argentino se utilizó como referencia el tipo de cambio A3500 del Banco Central.
El estudio dejó fuera los productos considerados premium y aquellos casos en los que no era posible establecer una equivalencia confiable. Para analizar los resultados se utilizaron dos herramientas: la mediana de la canasta relevada y el índice de Jevons, que permite comparar productos idénticos entre distintos países. Se trata de dos enfoques diferentes: mientras la canasta refleja la oferta general disponible en cada mercado, Jevons concentra la comparación en productos que pueden equipararse directamente. Ninguno de estos indicadores pretende medir cuánto puede comprar un hogar ni cuánto destina efectivamente a alimentos.
Argentina se mantiene entre los mercados más baratos para la carne vacuna
En el caso de la carne bovina, Argentina aparece en la zona baja del ranking internacional. Cuando se comparan productos equivalentes, solamente Paraguay y Brasil presentan precios inferiores.
La diferencia con Paraguay alcanza el 19%, mientras que Brasil se ubica un 10% por debajo de Argentina. Del otro lado, Uruguay y Chile presentan precios superiores, con diferencias del 10% y 17%, respectivamente.
La brecha se vuelve mucho más pronunciada al comparar con los mercados de Oceanía. Australia y Nueva Zelanda exhiben precios entre un 48% y un 50% superiores a los argentinos.
Canadá se ubica todavía más arriba, con valores un 59% mayores, mientras que Estados Unidos registra la mayor diferencia: allí la carne vacuna resulta un 82% más cara que en Argentina.
En términos absolutos, la canasta de carne vacuna analizada tiene un precio promedio de USD 13,13 por kilo en Argentina. En Paraguay el promedio desciende a USD 10,70, mientras que en Estados Unidos llega a USD 24,87.
No todos los cortes siguen la misma lógica
La comparación cambia considerablemente cuando se observa cada corte por separado. Las diferencias son especialmente importantes en los productos de mayor valor comercial.
El lomo es uno de los casos más notorios. En Argentina cuesta, en promedio, USD 22,80 por kilo, frente a USD 59,10 en Estados Unidos. La diferencia alcanza así el 159%.
Algo similar sucede con el bife ancho y el bife angosto, cuyos precios en Estados Unidos superan a los argentinos en un 103% y un 120%, respectivamente. En Australia, ambos cortes también llegan prácticamente al doble del valor registrado en las góndolas argentinas.
En los productos de consumo más masivo, en cambio, las diferencias se reducen. La carne picada especial cuesta USD 12,74 por kilo en Argentina y USD 17,71 en Estados Unidos. Frente a Canadá y Australia, la brecha es de apenas 9% y 8%.
La carne picada común constituye uno de los casos más destacados del relevamiento. Con un promedio de USD 6,04 por kilo, Argentina presenta el precio más bajo entre los nueve países analizados y llega a ser hasta un 144% más barata que en Estados Unidos.
La estructura de precios también difiere dentro de cada mercado. En Argentina, la carne picada especial cuesta aproximadamente 2,1 veces lo que vale la versión común. En Estados Unidos y Australia, en cambio, esa relación se encuentra entre 1,2 y 1,3 veces.
Entre los países vecinos también aparecen excepciones. Uruguay, pese a tener una canasta vacuna general más cara, ofrece algunos cortes por debajo del precio argentino: la nalga resulta un 15% más barata y el peceto un 22%.
En Brasil, por su parte, la nalga, el vacío y los bifes presentan valores inferiores a los argentinos. El lomo constituye la excepción, ya que cuesta un 38% más, mientras que la carne picada común también supera el precio local.
El pollo modifica el mapa de precios
La fotografía cambia cuando se pasa de la carne vacuna al pollo. Brasil y Paraguay vuelven a mostrar precios más bajos que Argentina, pero aparecen diferencias significativas respecto del ranking observado en la carne bovina.
El caso de Estados Unidos es particularmente llamativo. Aunque es el país con la carne vacuna más cara del relevamiento, en el segmento aviar presenta precios prácticamente equivalentes a los argentinos. En los cortes comunes, incluso se ubica un 2,6% por debajo de Argentina.
Chile presenta una canasta de pollo un 11% más cara que la argentina. La diferencia aumenta en Australia y Nueva Zelanda, donde alcanza el 38% y el 50%, respectivamente.
Los valores más elevados aparecen en Canadá y Uruguay. Allí, los precios prácticamente duplican los registrados en Argentina: los índices de Jevons alcanzan 199,7 y 206,3, respectivamente, tomando a Argentina como base 100.
En algunos productos básicos, sin embargo, la diferencia regional es mínima. El pollo entero fresco cuesta USD 2,88 por kilo en Argentina, USD 2,86 en Brasil y USD 2,96 en Paraguay.
La mayor diferencia aparece en la pechuga deshuesada. En Argentina tiene un precio de USD 8,26 por kilo, frente a USD 5,01 en Brasil y USD 6,38 en Paraguay. Eso significa que Brasil ofrece este producto un 39% más barato y Paraguay un 23% más barato.
También cambia la relación entre los distintos cortes. En Argentina, la pechuga cuesta 2,9 veces lo que vale el pollo entero. En Brasil, esa relación se reduce a 1,7 veces, una diferencia que el estudio vincula con distintos niveles de industrialización.
Carne vacuna, pollo y poder adquisitivo
La comparación entre ambas proteínas permite observar otra dimensión de los precios. En Argentina, la canasta vacuna promedio cuesta USD 13,13 por kilo, mientras que la de pollo se ubica en USD 5,07. En términos simples, el precio de un kilo de carne vacuna equivale a unos 2,6 kilos de pollo.
Estados Unidos presenta la relación más amplia: allí un kilo de carne vacuna permite comprar alrededor de 4,2 kilos de pollo. Uruguay se encuentra en el extremo contrario, con una relación de apenas 1,6 kilos.
La comparación de cortes individuales también muestra situaciones particulares. En Uruguay, un kilo de pechuga deshuesada cuesta USD 15,39, por encima de los USD 11,84 que vale un kilo de nalga vacuna. En Argentina ocurre lo contrario: la nalga cuesta USD 13,90 y la pechuga USD 8,26.
El informe también estudia la relación entre los precios de los alimentos y el PIB por habitante. Para la carne vacuna encuentra una correlación muy elevada, de 0,98: los países con mayores ingresos tienden a presentar precios más altos para este producto.
Una de las explicaciones posibles se relaciona con el efecto Balassa-Samuelson. En economías más productivas, los salarios de actividades locales como el transporte, la distribución y la comercialización tienden a ser mayores. Eso puede trasladarse al precio final de los alimentos, incluso cuando el costo de la producción primaria sea competitivo.
En el pollo, la relación es bastante más débil: la correlación baja a 0,54. Uruguay aparece como una de las excepciones, con precios avícolas elevados pese a no estar entre las economías de mayor ingreso. Estados Unidos ofrece el caso inverso: combina el PIB por habitante más alto de la muestra con precios de pollo relativamente bajos.
Los impuestos explican solo una parte de las diferencias
La estructura tributaria es otro de los factores analizados. Argentina aplica una alícuota reducida de IVA del 10,5% sobre estos productos. Paraguay utiliza una tasa del 5%, Uruguay del 10% y Chile del 19%.
En Canadá y Australia, las carnes frescas tienen una tasa cero de GST. Nueva Zelanda aplica un 15%, mientras que Estados Unidos registra un sales tax promedio nacional estimado en apenas 0,9%.
Cuando se eliminan los impuestos al consumo de la comparación, la diferencia entre Chile y Argentina en carne vacuna se reduce del 17% al 9%. El comportamiento es diferente en Estados Unidos y Canadá: aun sin considerar los impuestos, la distancia con Argentina aumenta. Esto indica que sus precios elevados no pueden atribuirse principalmente a la carga tributaria directa.
El comercio exterior también tiene un papel importante. Estados Unidos es importador neto de carne bovina, con 2,44 millones de toneladas, pero al mismo tiempo es un importante exportador de pollo, con 3,04 millones de toneladas. Esa posición contribuye a explicar la marcada diferencia entre los precios de ambas proteínas en ese mercado.
Una diferencia de precios que responde a múltiples factores
El relevamiento muestra que no existe una única explicación para determinar por qué un kilo de carne cuesta más o menos según el país. La posición internacional de cada mercado, los impuestos, la estructura productiva, los niveles de ingreso, la industrialización y las condiciones del comercio exterior intervienen de manera diferente según el producto.
El informe también pone el foco en las políticas comerciales. Canadá, por ejemplo, mantiene aranceles fuera de cuota que llegan al 238%-249% para determinados productos avícolas, una protección que contribuye a elevar los precios internos.
En Argentina, en cambio, los derechos de exportación y los impuestos internos contribuyen a contener los valores locales en determinados momentos, aunque el estudio advierte que estas políticas también pueden generar efectos sobre los incentivos a producir en el futuro.
La principal conclusión del relevamiento es, por lo tanto, menos lineal de lo que podría sugerir una comparación superficial. Argentina se encuentra entre los mercados con carne vacuna más accesible de la muestra, especialmente en determinados cortes y en la carne picada común. Sin embargo, esa ventaja no se repite de la misma manera en el pollo, donde Brasil y Paraguay presentan mejores precios en varios productos y algunos mercados desarrollados muestran comportamientos inesperadamente competitivos.
Más que un simple ranking de países caros y baratos, la comparación permite observar cómo distintas estructuras productivas, tributarias y comerciales terminan determinando lo que finalmente paga el consumidor en la góndola.
Por Juan Carlos Galván
















